Programa Académico-Cultural 2020

Para quedarte en casa te compartimos la historia ganadora del Concurso Nacional Universitario de Cuento en Español China

Los cuentos premiados fueron publicados en una edición bilingüe español-chino, bajo el sello de la editorial de Literatura de la UNAM.

Nos congratulamos de presentarles en exclusiva el cuento ganador del Concurso Nacional Universitario de Cuento en Español de China, el cual fue organizado por la Sede de la UNAM en China, la Facultad de Estudios Hispánicos y Portugueses de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing y la Dirección de Literatura de la UNAM.

Participaron 162 trabajos de alumnos provenientes de 42 universidades chinas, de los cuales fueron seleccionados 10 ganadores (tres primeros lugares y siete menciones honoríficas).

Los cuentos premiados fueron publicados en una edición bilingüe español-chino, bajo el sello de la editorial de Literatura de la UNAM.

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Como una forma de contribuir a la difusión de la literatura escrita por los jóvenes,  publicaremos algunos de los trabajos ganadores. 

¡Estén al pendiente!

A continuación les presentamos Un largo sueño en el avión, cuento escrito por Wang Yue, alumna de la Universidad de la Ciudad de Beijing, quien obtuvo el primer lugar.

Wang Yue

Sin más preámbulo, disfruten la lectura.

UN LARGO SUEÑO EN EL AVIÓN

Por Wang Yue

El avión atravesó las nubes oscuras y el primer rayo de la mañana entró por la ventana e iluminó la cara de la chica dormida. Con el hermoso sol se despertó de su sueño y se frotó los ojos entrecerrados.

Con la cabeza apoyada contra la ventana, la chica estaba pensando en lo que sucedió en su sueño.

Todos los días sólo te quedas en la cama jugando, nunca quieres buscar un trabajo, no has hecho para nada los trabajos domésticos, ni siquiera sabes lavar un tazón. Se nota que tu vida ya está perdida en la pereza.

—¿Has terminado?, ¿qué puedes hacer excepto echarme en cara palabras interminables? Si no podemos convivir más, es mejor separarnos.

Apenas terminó la frase, se oyó un ruido: el sonido de un cuenco quebrándose contra el suelo y el llanto de la madre.

Está bien, está bien, ya que quieres irte, pues nos separamos, pero te digo primero, mi hija vivirá conmigo después del divorcio. Yo no quiero nada más que a mi hija…

Desde que el padre estaba desempleado, la familia dependía totalmente de la madre, quien estaba muy cansada. Durante el día trabajaba por un pequeño ingreso para mantener a la familia y después de regresar a casa por la noche, lavaba la ropa, limpiaba la casa y, al mismo tiempo, tenía que enfrentar a su esposo deprimido. Este tipo de disputas ocurrían a diario en la casa de Nancy; eran tan frecuentes que cerraba los ojos, pero sus oídos estaban rodeados por el ruido de las discusiones de sus padres. Las peleas continuas la atormentaban mucho. Después de día tras día de sufrimiento, por fin se divorciaron. Sin mucha justicación, el padre consiguió la custodia de la hija valiéndose de una amistad con poder.

Luego del divorcio, el padre envió a Nancy a la casa de su abuela y él se fue muy lejos a otra ciudad para ganarse el pan. El padre casi nunca iba a visitarla y no sabía nada de su vida, como si hubiera desaparecido del mundo. La abuela era una anciana dura que nació en el campo y estaba muy influida por el pensamiento feudal, por eso era normal que concediera importancia a los hombres y despreciara a las mujeres. Según ella, criar a una chica sólo equivalía a perder dinero y no le gustaba nada esta nieta.

Hubo una vez en que Nancy enfermó y tuvo una fiebre grave en plena noche. El ruido agudo del llanto despertó a la abuela. En lugar de llevarla al hospital, la abuela se enfadó y le reprochó a la niña su escándalo. A la mañana siguiente, como siempre, la mandó a la guardería infantil ignorando su enfermedad. Por suerte, la profesora de la escuela prestó atención a la anormalidad de la niña, la llevó a una clínica para que le pusieran una inyección y le recetaran alguna medicina.

En otra ocasión, Nancy le preguntó a su abuela a dónde se había ido su mamá. Ella le contestó con mala cara que su mamá no la quería, pues la había abandonado. La niña no lo creyó, lloró y gritó: seguramente mi mamá me quiere, me ama, tú no me engañas, eres una mala persona, te odio, no quiero hacerte caso, voy a buscar a mi mamá”. La abuela, molesta de tanto llanto y grito, no pudo aguantar más y tomó, de la mesita de noche, la aguja para coser ropa y le pinchó el dedo. La niña apretó su dedo con fuerza y la sangre fluyó hasta la muñeca. La abuela entonces la amenazó:

Si lloras otra vez, éste es el resultado, recuérdalo —aunque le dolía mucho, la niña estaba tan asustada que no se atrevió a llorar y se escondió en un rincón de la habitación para sollozar en secreto, pensando en su madre, con ganas de que un día ella pudiera tocar suavemente su cabeza con la mano y decirle que la amaba.

Era un día normal, pero para Nancy fue especial. La abuela la llevó a un lugar particularmente hermoso. Había muchos niños de la misma edad que ella. Alegres, corrían, saltaban, reían y jugaban. La abuela platicó durante algunos minutos con una mujer desconocida; luego, se fue tranquilamente. Desde ese día, la niña vivió con aquella mujer, quien la cuidó esmeradamente, a ella y al grupo de niños con quienes Nancy jugaba contenta. Cuando estaban libres, los maestros les contaban cuentos interesantes y les enseñaban a leer, a escribir. La vida era ordenada, tranquila y hermosa. A Nancy le gustaba mucho aprender: con frecuencia se sentaba en una pequeña silla y casi sin moverse permanecía leyendo durante toda la tarde, sobre todo, mostraba mucho interés en los libros escritos en idiomas extranjeros.

El tiempo se va volando y así transcurrieron tres años. Se desvaneció la puerilidad de la chica y se volviós guapa. Un día, como de costumbre, ella se levantó a las siete de la mañana, se cepilló los dientes, se peinó y se preparó muy bien para ir a clases. Cuando abrió la puerta de su habitación, vio que la mujer con quien vivía la estaba esperando para decirle:

Nancy, felicidades, tu mamá vino a buscarte… te va a recibir en su casa. Ya puedes salir de aquí y vivir una vida mejor. Muy sorprendida, Nancy permaneció apoyada contra la puerta por mucho tiempo. En su corazón se volcaron diversos condimentos y no supo identificar cuál sabor era el que sentía. Durante estos años, a menudo su mamá aparecía en sus sueños, pero cada vez que se despertaba, triste y con lágrimas en los ojos, no podía ver siquiera la sombra de su madre. La sorpresa era impensable. Antes, la escena sólo estaba en sueños, por eso le era tan difícil creer que en verdad pudiera volver al lado de su mamá, incluso temía que le estuvieran mintiendo. Sin poder evitar derramar lágrimas de emoción, su sueño se convirtió en realidad y toda la espera valió la pena.

Corrió a los brazos de su madre, era como si nunca hubiera experimentado un abrazo tan cálido. La miró fijamente y notó que la pena y los años habían marchitado su rostro. Se entremezclaban canas con su cabello negro y brillante, también tenía arrugas en la frente y en sus ojos. Su madre le fue contando todas las cosas sucedidas en los últimos años. Su papá se volatilizó sin dejar ningún rastro, nadie supo dónde estaba. Ella acudió con la abuela, pero ésta no le hizo caso. Lo único que pudo hacer fue trabajar diligentemente y buscar a su hija por toda la ciudad. Por fortuna, luego de esfuerzos incesantes, se enteró de que su hija vivía en este orfanato y decidió que haría todo lo posible para llevarla a casa y darle una mejor vida. Se congratuló de que Dios no defraudara su esperanza: madre e hija se reunieron finalmente luego de salvar muchas dificultades.

Nancy, su madre y sus abuelos maternos vivieron juntos. Luego de un tiempo, Nancy entró a estudiar en la mejor secundaria de la ciudad. Se levantaba a las cinco y media de la mañana y volvía a casa a las diez de la noche. Pasaba la mayor parte de su tiempo en la escuela, ya fuera para asistir a clases, estudiar individualmente o participar en actividades y en conferencias. Su vida era muy regular. Todas las mañanas, la abuela (su despertador) la estimulaba para que no llegara tarde y en la mesa del comedor siempre estaba ya listo el desayuno: gachas bien cocidas y un huevo pelado. Mientras Nancy desayunaba, la abuela le hacía dos bonitas trenzas. Sí, muy a su manera, la abuela la mimaba mucho.

La vida de la secundaria era muy intensa y muy agotadora, tanto que se sentía presionada. Le parecía que si dejaba de esforzarse tan sólo un segundo, sus compañeros la dejarían atrás. De entre todas las materias, prefería el inglés, de modo que sacaba las notas más altas en sus exámenes. Esto no era sorprendente: siempre había estado interesada en aprender idiomas extranjeros y dedicaba mucho tiempo a esta materia. Desde hacía dos años, anhelaba entrar a una buena universidad, elegir una carrera de lenguas y ansiaba cumplir su sueño de ser traductora.

Ding dong, ding dong.” Así sonó el timbre para iniciar el último examen de ingreso a la universidad. Nancy entró a la sala con plena confianza. El aula estaba extremadamente silenciosa, tanto como si el sonido de una aguja al chocar contra el suelo pudiera molestar a los estudiantes. Todos estaban concentrados en su propia prueba. Estaban absortos, aprovechando cada segundo de las dos horas. Ding dong, ding dong, sonó el timbre otra vez para indicar el fin del examen, el cual marcó formalmente el término de la secundaria. Entregó la hoja de respuestas y salió saltando de la escuela.

Por fin, habían pasado tres años de cansancio y lo que le esperaba sería una bella vida universitaria. Su corazón estaba lleno de infinita esperanza y en su rostro se dibujó una melosa sonrisa bajo el sol.

as después del examen, ella y su madre viajaron por muchos lugares, desde la antigua ciudad de Lijiang hasta la tercera cascada más grande del mundo cascada de Huangguoshu, desde el templo de Confucio de Nanjing hasta el famoso lago del oeste de Hangzhou, desde la Disneylandia de Shanghái hasta la isla Gulangyu de Xiamen. A lo largo del viaje, estuvieron tan felices que toda su presión se desvaneció en los paisajes.

Según dicen, preparar el examen de ingreso a la universidad es la tarea más importante y ardua durante los tres años de la secundaria. No obstante, la elección de una carrera no se debe desestimar. Precisamente en este asunto hubo discrepancias entre ella y su mamá. La madre deseaba que solicitara la maestría o una especialidad médica y, en lo referente a la distancia, que eligiera una universidad cerca de casa. Nancy la podía entender, pues habían estado separadas por muchos años y su madre también quería acompañarla para siempre. Se encontraba en un auténtico dilema y no sabía qué hacer. Pensaba y reflexionaba, daba vueltas y vueltas por la noche, hasta que por fin se decidió a comunicarle su idea. Aunque muy desconsolada, la madre aceptó su decisión y su sueño. Nancy quedó conmovida por la comprensión y el apoyo incondicional de su madre, ya que había elegido la carrera de español en la Universidad de Beijing.

Estimados pasajeros, presten atención, ya comienzan a revisar el boleto del tren de alta velocidad de Hangzhou a Beijing. Por favor, diríjanse a la puerta 3.Con la voz de la transmisión de fondo, Nancy y la madre se despidieron diciéndose adiós con la mano hasta que de definitivamente las dos se perdieron de vista entre la multitud.

Era la primera vez que estaba en Beijing; tenía mucha curiosidad por la capital. Llegó con el deseo de aprender, con la intención de explorar lo desconocido y con la esperanza del futuro. La universidad era grande, volaban pájaros en el cielo, gritaban en los árboles las cigarras, cantaban en la piscina las ranas, era tan hermosa como se la había imaginado. Sentía gran entusiasmo por su carrera. Siempre escuchaba con mucha concentración las clases y tomaba apuntes. 

Una vez que terminaban las sesiones, iba directamente a la biblioteca para repasar y preparar las lecciones, incluso no salía de ahí hasta que el administrador le avisaba que ya iban a cerrar. Y los fines de semana paseaba por lugares turísticos, hacía deportes o iba de compras con sus amigas y de vez en cuando llamaba a su mamá para compartirle asuntos divertidos. Mantenía un buen equilibrio entre el trabajo y el descanso. Nancy pasaba la vida satisfactoriamente y, así como en la secundaria, ahora en la universidad no sólo se encontraba entre los mejores estudiantes, sino que también activamente tomaba parte en actividades optativas. 

Por dos semestres consecutivos obtuvo la beca para la mejor estudiante de la clase. Al comienzo del segundo año, la maestra les dijo que la escuela proporcionaría a unos cuantos alumnos sobresalientes la oportunidad de ir a estudiar al extranjero. Por supuesto, para lograrlo era necesario cumplir con ciertas condiciones, las más difíciles, tener excelentes calificaciones y, a la vez, tener el nivel requerido del idioma. Ella tenía muchas ganas de conocer el extenso mundo, mejorar su habilidad de lenguaje y aprovechar la oportunidad de vivir en la cultura donde se habla la lengua que escogió como carrera. 

Así, perdió fines de semana y vacaciones estudiando como loca. Realmente estaba muy estresada, pero no se atrevía a a aflojar el ritmo antes de que con confirmaran la lista de los ganadores. Se volvió solitaria, no hablaba ni se divertía, solamente se quedaba en la biblioteca como si fuera ella misma su compañera más leal.

Cierto día, cuando caminaba por un sendero rodeado de árboles, de repente sintió vértigo, estuvo a punto de vomitar y, luego, perdió la conciencia. Cuando volvió en sí, se hallaba en el hospital: no supo quién la había ayudado, no dejaron nombre ni número. Afuera, a través de la ventana, pudo admirar la suavidad de la puesta de sol. Tomó de la mano del doctor el expediente médico donde se leía depresión moderada, y en ese momento dudó si tenía la vista borrosa. El doctor le dijo que la presión constante e insoportable le había causado el insomnio y que el cuerpo ya no pudo sufrir más, por eso se desmayó. Salió del hospital y regresó al dormitorio. Prefirió no decirle a su mamá; como no quería preocuparla, hundió este secreto en lo más profundo de su corazón.

Por más de dos meses siguió desvelándose. Todas las noches era como vivir en el purgatorio. Finalmente apareció la lista. Se apresuró a ir a la oficina escolar y vio su nombre en el papel. Respiró aliviada. Había llegado el día tan esperado y, por fin, esa noche tuvo dulces sueños.

Con el apoyo de la madre, todo marchó viento en popa. Obtuvo la visa, compró el boleto y efectuó los trámites necesarios. Sólo había que esperar unos meses hasta la salida del vuelo.

Estimados pasajeros, nuestro vuelo está a punto de llegar al aeropuerto de Tijuana. Por favor traigan consigo todas sus pertenencias.La chica, inclinada sobre la ventana, al instante volvió en sí, luego de la distracción. Arregló su equipaje pensando “¿qué le pasó después a la chica en mi sueño?, ¿por qué soñé así? Oh, tengo los huesos molidos, tan cansada, es mejor olvidar este sueño raro”.

El sol brillaba sobre la tierra con el cielo azul y la brisa suave.

Ding ding” sonó su celular. Era un mensaje de su madre: “¡Hija, feliz viaje!


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